Quiero contarles de un momento que cambió algo en mí para siempre.
Estaba en una mala época, atravesando situaciones personales dolorosas, y me pregunté:
¿Por qué esto me pasa a mí? ¿Por qué a mí?

Y, casi de inmediato, apareció otra pregunta que me descolocó:
¿Y por qué no? ¿Por qué no a mí?

Ese cambio de mirada me sacó del lugar de víctima y me llevó a dejar de preguntarme por los por qué para empezar a enfocarme en los para qué.
Y ahí descubrí algo: ese movimiento me dio poder.

 

¿Qué pensamos cuando escuchamos “poder”?

Muchas veces, al pensar en la palabra poder, se nos vienen a la mente imágenes de control, abuso o jerarquía.
Pero, ¿y si también pudiera significar posibilidad, creación y transformación?

Todos tenemos poder. El poder de elegir, de hablar, de actuar, de influir.
Sin embargo, muchas veces lo cedemos sin darnos cuenta. Se lo entregamos al miedo, a la inseguridad, al contexto, a los demás.

¿Y si empezáramos a reconocer que el poder no es algo ajeno, sino una fuerza que nos habita?

 

El poder en la vida y en la historia

El poder atraviesa la vida personal, las relaciones y las organizaciones.
Es tan importante que a lo largo de la historia ha sido el centro de grandes luchas, disputas políticas, guerras y transformaciones sociales.

Porque el poder define quién decide, quién lidera, quién tiene voz y quién influye en los resultados.

Se suele asociar el poder con abuso o dominación.
Pero el poder no es el problema: el problema es cómo lo usamos.
El mismo poder que destruye también puede inspirar, sanar y transformar.
La diferencia está en la conciencia con la que lo ejercemos.

 

¿Qué es el poder?

Michel Foucault decía que “el poder está en todas partes porque no proviene de ninguna parte en particular”.
Eso me hace pensar que no se limita a un cargo o a un título: se ejerce en cada vínculo, en cada relación y en cada decisión.

Hannah Arendt sostenía que “el poder corresponde a la capacidad humana, no simplemente de actuar, sino de actuar en concierto”. Es decir, el poder emerge cuando las personas se unen para actuar juntas

Y aquí hay una clave que el poder también es la fuerza que se multiplica cuando nos unimos con otros.

Desde la psicología social, French y Raven hablaron de distintas fuentes de poder: el cargo, la recompensa, el castigo, el conocimiento, la influencia y el carisma.
Y todo esto me muestra que el poder no es rígido: puede estar en la estructura, en la palabra, en la acción, en el conocimiento o en la capacidad de inspirar a otros.

 

¿Por qué cedemos nuestro poder?

En lo personal, solemos entregarlo a la inseguridad, al miedo o a la necesidad de ser aceptados.
En las organizaciones, muchas veces lo cedemos a estructuras rígidas, a procesos impersonales o a la idea de que “otros saben más que yo”.

Creo que también tiene que ver con nuestra relación con el riesgo.
Tomar una decisión implica exponernos: puede salir bien o mal.
Y al evitar elegir, creemos que nos protegemos del error, cuando en realidad lo que hacemos es quedarnos en la pasividad.

La aversión al riesgo nos da una ilusión de seguridad, pero nos roba la posibilidad de crecer, aprender y crear nuevos caminos.

Cuando decimos “que el camino depare lo que tenga que ser”, no solo dejamos nuestro destino en manos externas: también evitamos la responsabilidad y el riesgo de decidir.
Pero, ¿y si el camino depara justamente lo que somos capaces de crear?

Alice Walker escribió: “La forma más común en que las personas renuncian a su poder es pensando que no tienen ninguno.”
Yo lo traduzco así: muchas veces nos creemos menos de lo que somos, y ahí dejamos de lado nuestra fuerza creadora.

 

El poder en acción

  • El poder de la palabra: lo que decimos construye realidades. Las conversaciones pueden abrir o cerrar caminos.
  • El poder de decidir: Stephen Covey decía que la verdadera efectividad surge de la proactividad. Para mí, eso significa que cada vez que elijo conscientemente en lugar de reaccionar, estoy usando mi poder.
  • El poder de actuar: la acción transforma los sueños en resultados. Sin acción, todo poder se disuelve en intención.
  • El poder de influir: ejercer poder es generar impacto en otros. Esa influencia puede abrir posibilidades y expandir, o limitar y bloquear. La diferencia está en la intención con la que lo usamos.

 

Mis 5 C para volver al poder

  1. Conocimiento: escuchar mi sabiduría interior y reconocer quién soy.
  2. Confianza: apoyarme en lo que logré para animarme a más.
  3. Claridad: orientar mi poder hacia un propósito mayor.
  4. Consciencia: ejercerlo con intención de expandir, no de controlar.
  5. Coherencia: alinear lo que pienso, siento y hago.

En pocas palabras: poder es sabiduría, confianza, visión, consciencia y coherencia en acción.

 

Reflexión final

El poder siempre será un terreno en disputa porque define quién crea, quién decide y quién transforma.
Pero, en lo profundo, también es una elección personal: cederlo o asumirlo.

El día que comprendamos —o seamos capaces de ver— que nuestra mirada única y nuestra capacidad son un gran aporte al mundo, no tendremos que disculparnos por tomar nuestro poder.
Porque nos pertenece, y eso es por algo.

Tomar nuestro poder no es egoísmo: es un acto de responsabilidad y de amor, con nosotros mismos y con los demás.

En mi experiencia personal y laboral, aprendí que el poder no es algo externo a conquistar, sino una fuerza que habita en nosotros.
Y es precisamente ese poder el que necesitamos para crear la realidad en la que creemos.

🔥 Ahora te pregunto:

¿Vos tomás tu poder?