Respirar para crear

Vivimos muchas veces buscando soluciones afuera: esperando que algo o alguien venga a mostrarnos el camino, a resolver lo que sentimos que no podemos.
Pero la llave hacia nuestro mundo interior —y hacia nuestro mayor acto de creación— ya está con nosotros.
Es la respiración.
Esa puerta invisible que nos conecta con la conciencia, con el cuerpo, con la energía que nos habita.
Cuando aprendemos a respirar con presencia, dejamos de sobrevivir para empezar a crear.

 

¿Desde la herida o desde el amor?

Escribo estas líneas desde Madrid, luego de una semana de inmersión profunda hacia mi interior. Estuve realizando una formación como facilitadora de breathwork, y más allá de los conceptos teóricos, me pasé toda la técnica por el cuerpo.
Maravillosas son esas experiencias que nos llevan a lo más profundo del ser, a nuestro centro auténtico, a la esencia que tantas veces olvidamos en medio del ruido.

Durante estos días atravesé distintas prácticas de respiración activa, diseñadas para liberar emociones que habían quedado guardadas en el cuerpo.
Pasamos por respiraciones que nos conectaban con la infancia, con nuestras raíces y ancestros, potenciadas por una ceremonia de cacao que abrió el corazón.
Otras sesiones nos invitaban a liberar la rabia, a reconocer el dolor y dejar que la energía se mueva.
Y finalmente, respiraciones orientadas a conectar con nuestra divinidad, con el estado de creación y conciencia expansiva, donde la vida se siente fluir desde el amor.

A lo largo de este proceso comprendí algo profundo: todos cargamos historias de dolor y de amor, y ambas conviven en nosotros.
Pero me di cuenta de que, durante mucho tiempo, había quedado atrapada en una etiqueta emocional, interpretando muchas experiencias desde el mismo lugar: la herida.
Y en esa conciencia apareció la liberación. Poder ver eso, abrazarlo y soltarlo fue abrir un portal. En ese momento liberé un grito que sentí físicamente, como si se me abriera el pecho.
Porque, en el fondo, la gran lección es elegir vivir desde el amor —ese amor profundo e incondicional que abraza lo vivido, que no niega el pasado, sino que lo integra, lo transforma y lo trasciende.
Lo que vivimos nos trajo hasta aquí. Todo es parte del aprendizaje del alma en este cuerpo y en esta vida.

 

El poder de rendirse

El cuarto día de la formación tuvimos una experiencia tan desafiante como reveladora: sumergirnos en una tina con hielo.
El cuerpo se prepara con respiración consciente, con presencia y entrega, porque no se trata de resistir, sino de rendirse ante la incomodidad.
El agua estaba a unos dos grados. El solo contacto ya es un shock para el cuerpo. Pero ahí, en ese instante, comprendí que si uno puede conectar con la respiración y elevar la conciencia, puede sostenerse incluso en un entorno abiertamente hostil, donde la mente no logra entender lo que ocurre.
Para ella, no hay diferencia entre estar en la Antártida o en una práctica de aprendizaje: simplemente percibe peligro y activa el modo huida-lucha.
Y, sin embargo, el cuerpo —cuando está en presencia y respiración— sabe que puede atravesarlo.

Como experiencia, esa inmersión se volvió un espacio al que puedo volver cada vez que la vida presenta un desafío.
Un recuerdo vivo de que, a pesar de la incomodidad o el miedo que pueda traer una situación, siempre tengo un viaje disponible hacia mi interior, donde habita la calma y la fortaleza.

Debo confesar que, para mi sorpresa, me encontré serena. La noche anterior había dormido profundamente. No tenía expectativas ni miedo.
Sabía que ya había llevado mi cuerpo y mi mente a situaciones límite, y que siempre, en esos momentos, encontraba una fuerza interior que me hacía aprovechar la experiencia.
Estuve quince minutos en el hielo, en un viaje meditativo y profundo. Solo al final, el cuerpo comenzó a temblar —quizás porque la mente intentó volver a intervenir—, pero la conciencia seguía en entrega total.

Y ahí comprendí algo más:
¿Cuántas veces en la vida actuamos desde la fuerza y no desde nuestro poder?
La fuerza empuja. El poder fluye.
La fuerza lucha contra lo que es. El poder se rinde al presente y desde ahí crea.
Ese día entendí que el poder no viene de controlar, sino de confiar.

 

Desde el amor, siempre

A veces, las rutinas, las exigencias, la necesidad constante de resolver, nos alejan de nuestra esencia creadora.
Nos desconectan del amor que nos habita, de la capacidad de amar lo que somos, lo que venimos construyendo y también de dónde venimos.
Volver al cuerpo, a la respiración, al silencio, es volver a casa.
Ahí donde la herida se transforma en sabiduría, y el amor se convierte en fuerza creadora.

Les comparto estas breves líneas que escribí en mi cuaderno al volver de un viaje meditativo:

Flotar en el universo.
Eso es.
Mi propio universo.

Tocar la iluminación.
Pasar la puerta.
A mi propia grandeza.

Sentir.
Sentir.
Sentir.

Energía.
Conciencia.
Y desde ahí, poder crear.

Ser.
Ser amor.
Ser energía.
Ser creación.

Hay un universo infinito,
de posibilidades infinitas
que está disponible.

Tomarlo es una decisión.
La decisión de rendirse.
De entregarse a la energía creativa.

La energía de Dios.
Del origen.
De la creación.
La creación del ser.

Del nuevo ser.
Ser ilimitado y grande.
Ser auténtico.
Yo.

¿Y vos? ¿Desde dónde estás creando:

desde el amor o desde la herida?