“La vida no se domina, se acompasa.” — C.G. Jung

¿Cuántas veces nos preguntamos esto, no?
¿Quién pilotea si no somos nosotros?
La mente enseguida responde: “alguien tiene que hacerlo”.
Y así nos convencemos de que, si soltamos, todo se va a desordenar.

 

Entramos en esta dualidad control vs. caos.
Y es que al caos le tenemos tanto miedo o respeto que seguimos intentando controlar a toda costa.
A costa de mucha energía vital puesta no para crear, sino para anticipar.

 

Estoy reflexionando sobre esto: soltar el control.
Soltar el control desde la mente es casi imposible.
Porque la mente no fue diseñada para soltar, sino para protegernos.
Y cuando siente incertidumbre, intenta mantenernos a salvo repitiendo lo conocido, planificando cada paso, buscando certezas donde no las hay.

 

Yo trabajé mucho para poder soltar el control, y a veces lo logro y otras no.
En una parte de mi vida viví desde un lugar muy mental.
De primera profesión soy contadora, y durante muchos años la lógica y la razón marcaron mi forma de actuar.
Creía que el control y la planificación eran sinónimos de seguridad y éxito.
Pero con el tiempo descubrí que esa estructura mental, aunque útil, no alcanzaba para sostener la complejidad de la vida.

 

Cuando comencé a mirar mi propio ser desde una perspectiva más integral, algo cambió.
Aprendí a sentir las emociones en el cuerpo, a ponerles nombre, a mirarlas de frente.
A abrirme a una dimensión más espiritual de la existencia y, sobre todo, a cultivar la fe.
Porque en el fondo, muchas de las crisis que atravesamos hoy son crisis de fe —que no es otra cosa que una crisis de confianza: en nosotros, en el proceso, en la vida, en algo más grande que nos trasciende.

 

Y entendí que cuando hay una intención clara, cuando vibramos en coherencia y en una frecuencia elevada, las cosas tienden a ordenarse.
Ese momento entre la acción y el resultado, donde todavía no vemos lo que soñamos, es el espacio donde la fe actúa.

 

🧠 Desde lo biológico, el cerebro busca predecir y controlar para garantizar supervivencia. Sentir que “sabemos” nos da una sensación de seguridad, aunque muchas veces sea una ilusión.
Lo curioso es que, aunque creemos que decidimos racionalmente, la mayoría de nuestras decisiones surgen del subconsciente: de creencias, miedos y experiencias pasadas que condicionan nuestra percepción.
Por eso, cuanto más tratamos de controlar desde lo racional, más nos alejamos de lo esencial: confiar en nuestra conciencia, en la sabiduría del cuerpo, en el ritmo natural de la vida.

“El control es miedo con buena reputación.” — Elizabeth Gilbert

 

Soltar no es resignarse.
Es rendirse —pero rendirse al proceso, al orden natural de la vida.
Rendirse no como derrota, sino como entrega consciente a algo más grande que nosotros, que muchas veces la mente no comprende pero el alma sí reconoce.

 

Soltar desde la conciencia no es quedarse quieto:
es moverse desde otro lugar.
Desde la calma interior,
desde la presencia,
desde la certeza de que lo que tenga que ser, será —y que podremos atravesarlo.

 

✨ Cuando soltamos desde la conciencia, nos abrimos a nuevas formas de ver, sentir y crear.

💫 En la entrega, la vida encuentra su propio orden.